En nuestra sociedad hay una
cultura milenaria que la mayoría de personas desconocen, y que «convive» con
nosotros desde hace más de diez siglos, la cultura gitana. Lo poco que se conoce de ella
es lo que reflejan los medios de comunicación que la mayoría de veces ignoran o
sólo reflejan los elementos negativos (conflictos raciales, asociación de sus
integrantes con prácticas delictivas, etc.) que potencian a su vez los
múltiples prejuicios y estereotipos que alimentan los conflictos que se repiten
año tras año.
Los gitanos siguen siendo el colectivo más rechazado de
cuantos existen en España, es cotidiano que las personas eviten compartir el
entorno social con ellos. El estereotipo y el prejuicio, siempre alimentados
por el desconocimiento y la ignorancia, ha sido muy cruel con el Pueblo Gitano.
Mientras las familias no gitanas sigan llevándose a sus hijos e hijas de las
escuelas donde asisten los niños y niñas de etnia gitana, la imposibilidad de
conocimiento, de amistad, de interrelación cultural, hará imposible un futuro
de convivencia y sin racismo.
Es en la escuela donde se reúnen las culturas de una
manera natural y por lo tanto, es allí donde el hecho de la diversidad se da y
donde debe organizarse conscientemente. Asumir esta diversidad nos debe llevar
a favorecerla y a desarrollar en los alumnos y alumnas unas capacidades y
habilidades básicas que parten de su experiencia social. Por ello, la escuela
se debe organizar como el espacio donde se encuentran y enriquecen los diversos
modelos culturales.
No se puede ocultar que existen problemas para la cultura
gitana, tan visible y tan diferente, dentro de un sistema educativo tan
homogeneizador, donde, la llegada de esta cultura a los curriculum es aún una
utopía o una escasa presencia más estereotipada y folclórica que cultural. Todo
debe empezar por la formación de las y los profesores, un conocimiento positivo
de la cultura gitana: su historia, su lengua, su literatura, su cultura viajera...para
posteriormente desarrollarlos en el sistema educativo y con ello ayudar a crear
una convivencia intercultural. Estaremos integrando esta cultura en la sociedad
educativa cuando las niñas y los niños gitanos estén a gusto en la escuela, la
vean y la sientan como suya, y el ser gitano no sea una traba que implique el
ser sospechoso de absentismo, de fracaso escolar, de indisciplina, de necesidad
de compensación; sino una manera diferente de valorar o de interpretar las
cosas, una identidad positiva que construya, junto con las demás culturas
presentes en la escuela, un conocimiento significativo, plural y respetuoso
desde las diversas maneras de ser y estar en el mundo.
Para trabajar contra todo esto hay que comenzar
trabajando contra el prejuicio racista hacia los gitanos dando a conocer a este
pueblo para respetar, apreciar, aceptar su realidad y como tal, su derecho a
vivirla.
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