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martes, 6 de octubre de 2015

NO A LOS PREJUICIOS

En nuestra sociedad hay una cultura milenaria que la mayoría de personas desconocen, y que «convive» con nosotros desde hace más de diez siglos, la cultura gitana. Lo poco que se conoce de ella es lo que reflejan los medios de comunicación que la mayoría de veces ignoran o sólo reflejan los elementos negativos (conflictos raciales, asociación de sus integrantes con prácticas delictivas, etc.) que potencian a su vez los múltiples prejuicios y estereotipos que alimentan los conflictos que se repiten año tras año.
Los gitanos siguen siendo el colectivo más rechazado de cuantos existen en España, es cotidiano que las personas eviten compartir el entorno social con ellos. El estereotipo y el prejuicio, siempre alimentados por el desconocimiento y la ignorancia, ha sido muy cruel con el Pueblo Gitano. Mientras las familias no gitanas sigan llevándose a sus hijos e hijas de las escuelas donde asisten los niños y niñas de etnia gitana, la imposibilidad de conocimiento, de amistad, de interrelación cultural, hará imposible un futuro de convivencia y sin racismo.
Es en la escuela donde se reúnen las culturas de una manera natural y por lo tanto, es allí donde el hecho de la diversidad se da y donde debe organizarse conscientemente. Asumir esta diversidad nos debe llevar a favorecerla y a desarrollar en los alumnos y alumnas unas capacidades y habilidades básicas que parten de su experiencia social. Por ello, la escuela se debe organizar como el espacio donde se encuentran y enriquecen los diversos modelos culturales.
No se puede ocultar que existen problemas para la cultura gitana, tan visible y tan diferente, dentro de un sistema educativo tan homogeneizador, donde, la llegada de esta cultura a los curriculum es aún una utopía o una escasa presencia más estereotipada y folclórica que cultural. Todo debe empezar por la formación de las y los profesores, un conocimiento positivo de la cultura gitana: su historia, su lengua, su literatura, su cultura viajera...para posteriormente desarrollarlos en el sistema educativo y con ello ayudar a crear una convivencia intercultural. Estaremos integrando esta cultura en la sociedad educativa cuando las niñas y los niños gitanos estén a gusto en la escuela, la vean y la sientan como suya, y el ser gitano no sea una traba que implique el ser sospechoso de absentismo, de fracaso escolar, de indisciplina, de necesidad de compensación; sino una manera diferente de valorar o de interpretar las cosas, una identidad positiva que construya, junto con las demás culturas presentes en la escuela, un conocimiento significativo, plural y respetuoso desde las diversas maneras de ser y estar en el mundo. 
Para trabajar contra todo esto hay que comenzar trabajando contra el prejuicio racista hacia los gitanos dando a conocer a este pueblo para respetar, apreciar, aceptar su realidad y como tal, su derecho a vivirla.

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