Recordamos el patio del
colegio como ese lugar en el que por fin desconectábamos de las
clases, comíamos, jugábamos o charlábamos con nuestros compañeros y
compañeras de clase.
Pues bien, el recreo además de ser
un momento de ocio para los niños y niñas, contribuye al desarrollo de nuestros hijos/as ya
que desarrollan destrezas jugando en grupo. Generalmente el recreo es un
descanso que dura media hora aproximadamente y se realiza en el ecuador de la jornada
escolar. Es un momento de ocio importante puesto que el juego es una parte fundamental en la
formación de los infantes.
Los niños/as pueden interaccionar entre ellos sin la
supervisión directa de un profesor/a. Es un tiempo y un espacio en el que
deciden qué hacer y con quién compartir sus actividades. Esto es algo que contribuye a la socialización de los
pequeños a la vez que promueve las interacciones personales positivas y las
habilidades para tomar decisiones.
Las actividades que
se suelen realizar en el patio del recreo van desde practicar deporte como
fútbol, correr, saltar, repasar tareas con otros compañeros o escuchar música,
entre muchas otras.
Entre compañeros/as de clase es como se aprenden cosas importantes en la vida
como ceder, negociar a través de
los juegos, trabajar en equipo y tanto a ganar como a perder. Los
niños/as aprenden a convivir juntos y a establecer reglas sociales. Gracias a las actividades de ocio, los
niños/as comienzan a aprender a resolver
conflictos, lo cual les hará crecer como personas.
En el tiempo de recreo, ponen en juego sus normas sociales, sus valores y sus
prioridades con otros, con los que pueden alcanzar el acuerdo
y el equilibrio.
Además, el recreo es un momento de movimiento para los
niños/as, tras algunas horas sentados en clase. Jugar
es algo muy beneficioso ya que también pueden desarrollar su imaginación al inventarse juegos o
desempeñar distintos roles.
Según la AEPAP el recreo no solo es fundamental porque
el cerebro de un niño/a solo puede mantener la concentración durante unos 45
minutos, tras lo cual necesita un descanso, sino que además el juego libre es imprescindible para el desarrollo intelectual y social de los más pequeños. El ser
humano está programado para aprender jugando y quitar el recreo no solo tiene
como consecuencia que la mente no descanse y sea incapaz de procesar la
información de las clases siguientes, sino que además, sin recreo, se pierden
muchas oportunidades de crecer y aprender cosas importantes.
Sus recomendaciones son claras: el recreo es tan
importante como las mates y ningún niño/a debería quedarse sin recreo. Es más, es
más que probable que en realidad lo que sucede con los recreos es que los niños
deberían tener más.

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